LA DIPUTADA LOURDES ARRIETA LLEVA AL CONGRESO EL TEMA IOSFA.

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El IOSFA llega al Congreso en la semana clave: cientos de empleos quedan en el aire La obra social de militares, gendarmes y prefectos atraviesa su etapa más crítica. El próximo 30 de septiembre, fecha límite para varios procesos iniciados por el cierre del IOSFA, podría dejar sin trabajo a cientos de personas y modificar de manera definitiva el modo en que los afiliados acceden a prestaciones básicas. La tensión escaló en las últimas horas: la diputada nacional Lourdes Arrieta invitó a sus colegas a recibir en el Congreso a trabajadores del IOSFA y del CITEDEF, para escuchar sus reclamos y analizar los proyectos presentados sobre el futuro de ambos organismos. Según denuncia ATE, alrededor de 600 puestos estarían en riesgo en todo el país. Unos 400 contratados llegan al 30 de septiembre con sus vínculos vencidos y sin renovación confirmada, mientras que los empleados de planta permanente podrían pasar a “disponibilidad”, con el consecuente riesgo de perder su puesto en mes...

GRACIAS A ELLOS HAY DEMOCRACIA, TAL VEZ ESE FUE SU ERROR.

Señor Director:

A hoy, más de mil argentinos- militares, policías, gendarmes y civiles- han muerto en prisión por el crimen imperdonable de haber obedecido órdenes y enfrentado a la subversión. No llamemos a esto “genocidio”; hacerlo sería volver a arrastrar por el barro una palabra que debería ser sagrada, y ponernos al nivel de esos sacerdotes del número inventado, los devotos del mito de los 30.000, que repitieron su salmodia de humo hasta convertirla en dogma. Sabían -pero jamás lo admitirán- que era un truco para que los pistoleros de ayer siguieran manejando, con su soberbia de verdugo reciclado, la justicia de esta democracia de políticos cobardes, mercaderes corruptos y penitentes sin honra. Democracia que amparó a los mismos que, en los años de plomo, vendieron en libras de carne- para salvar su propio resuello- a los pobres perejiles que confiaron en ellos. Carne que sigue cotizando en indemnizaciones obscenas, pagadas una y otra vez, como si el país fuera un ara corrupta donde se sacrifica la verdad para que los embusteros cobren su diezmo.

A hoy, más de mil argentinos -militares, policías, gendarmes y civiles- han muerto en prisión y sepamos que, desde este preciso momento, seguirán siendo asesinados los que aún sobreviven a cárceles infectas y persecuciones sádicas de jueces, fiscales y la baba querellante, siempre ávida de nuevas condenas e indemnizaciones. Porque no nos engañemos, en Argentina el estado de derecho murió el 13 de diciembre de 1983, cuando Alfonsín -para pagar sus deudas con la social democracia europea- violó la Constitución Nacional, y la página donde estaba escrito el artículo 18 pasó a ser una hoja de papel higiénico. Desde entonces, la irretroactividad de la ley, los jueces naturales y la presunción de inocencia se convirtieron en chistes malos. Y cuando el más corrupto de los presidentes que soportó la república pactó con la izquierda el silencio sobre sus robos a cambio del desguace de las Fuerzas Armadas y la prisión de quienes combatieron a la subversión, quedó cerrado un círculo vicioso que transformó al poder judicial en una cueva de prevaricadores, farsantes y testigos falsos. A hoy, más de mil argentinos -militares, policías, gendarmes y civiles- han muerto en prisión. Pero junto con ellos muere, en lenta agonía, la república. Porque cuando en un país se mancilla la Constitución para fines espurios y nadie se planta; cuando ningún juez siente el peso de la vergüenza por prestarse a persecuciones y venganzas; cuando los obispos miran para otro lado, los jefes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad juegan al gran bonete, los empresarios continúan con sus negociados y los políticos roban sin freno, cualquiera, poco avisado, puede creer que vive en un país. La verdad es más dura, vive en un pedazo de tierra que hace cincuenta y tres años dejó de ser nación.

JOSE LUIS MILIA

josemilia_686@hotmail.com

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