LA AVARICIA ESTA DESMANTELANDO LAS FFAA.

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El panorama actual revela que el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas no se limita a la obsolescencia del material bélico. Se manifiesta de forma más alarmante en el abandono de su capital humano. El colapso del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas, la marginación de los suboficiales en la toma de decisiones y la crisis del Instituto de Ayuda Financiera configuran un escenario de desprotección que degrada la profesión militar y compromete, en última instancia la defensa y la soberanía nacional. La situación actual de las Fuerzas Armadas y de las instituciones encargadas de su bienestar social y financiero evidencia una profunda crisis estructural, caracterizada por diversos medios, analistas y sectores militares como un desmantelamiento sistemático. Este proceso de debilitamiento no solo afecta la capacidad operativa y al equipamiento de las fuerzas, sino que impacta de manera directa en la dignidad, la salud y la seguridad económica de su personal en ...

LA MEJOR FORMA DE TAPAR EL CHANCHULLO

La disolución de IOSFA y el nacimiento de OSFA: una maniobra que no resuelve el problema de fondo
El reciente anuncio oficial sobre el nacimiento de OSFA presenta la disolución de IOSFA como el inicio de una “nueva etapa”, ordenada, transparente y sostenible. El texto institucional describe un proceso casi ideal, donde el Estado asume deudas, garantiza continuidad y promete eficiencia. Sin embargo, este relato omite deliberadamente las verdaderas causas que llevaron al colapso de IOSFA y plantea una solución que, lejos de corregir los errores, los tapa.
IOSFA no necesitaba ser disuelta. Necesitaba ser reformada.
Durante años, distintas asociaciones —especialmente las que representan al personal subalterno— advirtieron sobre el vaciamiento progresivo de la obra social, la falta de controles, la opacidad en la gestión y la ausencia de representación real de la mayoría de sus afiliados. Esos reclamos no fueron atendidos. No se corrigieron los desvíos, no se transparentaron las auditorías y no se modificó el modelo de conducción que llevó a IOSFA, en los últimos dos años, a no poder cumplir con sus obligaciones básicas.
La creación de una nueva obra social no soluciona por sí misma los problemas estructurales. Cambiar el nombre, el marco jurídico o el organigrama no borra las responsabilidades políticas y administrativas que llevaron al colapso del sistema anterior. Presentar la disolución de IOSFA como un acto de ordenamiento es, en los hechos, una maniobra para clausurar el debate sobre el vaciamiento y evitar rendir cuentas.
El discurso oficial insiste en la “previsibilidad”, la “transparencia” y la “gestión profesional”, pero no explica por qué esos mismos principios no se aplicaron cuando todavía era posible salvar IOSFA. Tampoco explica por qué, en lugar de una reforma profunda y participativa, se optó por cerrar una institución y crear otra, excluyendo nuevamente a los suboficiales del gobierno de la obra social.
La verdadera pregunta no es por qué nace OSFA, sino por qué se permitió que IOSFA llegara a una situación límite sin corregir el rumbo a tiempo.
Dividir, disolver y volver a empezar puede servir para construir un relato político, pero no garantiza una mejora real en la atención de la salud ni en el uso de los recursos. Sin memoria institucional, sin autocrítica y sin participación de quienes sostienen el sistema, cualquier nueva estructura corre el riesgo de repetir los mismos errores.
IOSFA no fracasó sola. Fracasó un modelo de conducción que hoy pretende presentarse como salvador, cuando en realidad llega tarde y sin asumir responsabilidades.
Redacción: Daniel SANTEUFEMIA

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