SE VA PETRI Y ENTRA PRESTI.

Asunción del nuevo ministro de Defensa: Carlos Alberto Presti

Un militar al mando; preguntas abiertas sobre IOSFA y los intereses detrás de la designación

Por Daniel Santeufemia — Informe periodístico

El 22 de noviembre de 2025 el presidente Javier Milei designó al teniente general Carlos Alberto Presti como nuevo ministro de Defensa, en reemplazo de Luis Petri. La decisión rompe una práctica institucional de más de cuatro décadas: es la primera vez desde 1983 que un militar en actividad ocupará la cartera de Defensa. 

Breve reseña biográfica y carrera militar

Carlos Alberto Presti (nacido en 1966) es un oficial de larga trayectoria en el Ejército argentino. Egresó del Colegio Militar en la promoción 118, ejerció cargos de conducción y académicos —fue subdirector y luego director del Colegio Militar— y acumuló experiencia en misiones internacionales. Fue designado jefe del Estado Mayor General del Ejército en enero de 2024 y promovido a teniente general. Su carrera lo posicionó en la cúspide de la estructura castrense antes de este nombramiento. 

El problema de IOSFA: la asignatura pendiente

En los últimos dos años la obra social de las Fuerzas (IOSFA) acumuló una deuda creciente y cortes de prestaciones que afectan a afiliados con tratamientos críticos; la crisis fue pública y reiterada, con señalamientos sobre déficits millonarios y medidas de ajuste. Fuentes periodísticas y especializadas describen un colapso de prestaciones y una deuda que siguió aumentando, con múltiples presidentes de IOSFA en poco tiempo. 

Como jefe del Estado Mayor General del Ejército, Presti estuvo al frente de la fuerza durante parte de esa emergencia sanitaria-administrativa. A la luz de los hechos, no se advierte que su gestión haya resuelto la «máxima problemática» que hoy denuncia el personal: la falta de prestaciones y la insustentabilidad financiera de IOSFA. Es decir: la crisis continuó y llegó a su punto crítico sin que la conducción militar (con Presti en la jefatura) ofreciera una solución visible y duradera. 

Crítica: ¿Presti o Petri? — la política detrás del cambio

La salida de Luis Petri y la llegada de Presti fueron presentadas por el Gobierno como «continuidad» de rumbo; sin embargo, el salto de un ministro civil (Petri, de origen político) a un militar activo (Presti) se interpreta por varios analistas como un cambio de signo institucional con fuerte carga simbólica y política. Sectores de la oposición y de la sociedad civil calificaron la designación como un “retroceso” por el riesgo de debilitar el principio de control civil sobre las Fuerzas Armadas. 

El contraste “Presti o Petri” no es solo personal sino de proyecto: Petri representó la vía política y la presentación pública de medidas del Ejecutivo; Presti representa la asunción directa de mando castrense en una cartera que históricamente buscó —al menos en forma normativa— el control civil. ¿Es un ajuste técnico para ordenar las Fuerzas, o un desplazamiento para asegurar lealtades y operatividad a las órdenes del Ejecutivo? La respuesta influirá en cómo se aborden cuestiones urgentes (IOSFA, recursos, doctrina de seguridad interior). 

Relación con el poder político y posibles réditos ocultos

Milei y su entorno han impulsado decisiones que amplían la participación militar en tareas de seguridad interior y que modifican el rol tradicional de las Fuerzas (decreto y políticas del último año lo muestran). La designación de Presti debe leerse en ese marco: traer a un militar de alto rango a Defensa puede facilitar decisiones ejecutivas sobre despliegues, compras de material (por ejemplo acuerdos recientes de adquisición de aeronaves) y cambios organizativos sin pasar por mediaciones civiles amplias. 

Además, existe una lectura política práctica: cuando un presidente actúa con decisiones que generan rédito político o económico, conviene preguntarse quién se beneficia —en lo político (fortalecimiento de la narrativa de seguridad) y en lo económico (contratos, compras, reestructuraciones de fondos y empresas proveedoras). Milei rara vez actúa sin cálculo político; ¿esta «farsa» (gestual) de que es la primera vez que un militar dirige Defensa desde la democracia sirve para consolidar apoyos, para acelerar compras o reacomodar estructuras de poder dentro de las Fuerzas? Es una hipótesis que exige investigación. 

Preguntas abiertas que la sociedad necesita que se respondan ahora

1. ¿Qué plan concreto asume Presti para resolver la crisis de IOSFA y en qué plazo? (la deuda y los cortes no pueden seguir esperando). 
2. ¿Qué límites y contrapesos garantiza el Ejecutivo para preservar el control civil sobre las Fuerzas Armadas? 
3. ¿Qué contratos, compras o decisiones estratégicas se acelerarán con un ministro militar en Defensa y qué transparencia habrá sobre esos procesos? 
4. ¿Qué negoció políticamente Milei para obtener este movimiento interno del gabinete —hay réditos o intercambios concretos que deban hacerse públicos? 
5. ¿Por qué, si la crisis de IOSFA es tan grave, la gestión militar en la cúpula no priorizó soluciones administrativas efectivas cuando Presti era JEMGE? 

Conclusión (periodística)

La asunción de Carlos Alberto Presti como ministro de Defensa marca un punto de inflexión institucional y simbólico. Tiene experiencia militar y ascendencia dentro del Ejército, pero llega con una mochila pesada: la crisis de IOSFA, la crítica por apertura de facultades de seguridad interior y la sospecha de que este cambio responde a intereses políticos más amplios que a la necesidad técnica de gobernabilidad. La pregunta que queda para el público y los representantes es clara: ¿servirá Presti para resolver problemas reales que afectan a los afiliados (salud, prestaciones, fondos), o su llegada forma parte de un diseño político que busca otros réditos para el gobierno? 

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